

Cuando has leído estos meses pasados la llamada para encontrar nuevos Catequistas, quizás no has comprendido la verdadera urgencia.
Yo ahora, en todas las ocasiones, ya suelo afirmar que la situación está muy mal. Hace meses que estamos buscando de muchas maneras y seguimos sin encontrar a nadie que se decida.
Ciertamente no veo la situación en desesperanza; sigo teniendo esperanza. Confío en la gracia del Espíritu Santo que reparte sus dones y da luz y fuerza para responder; confío en la fuerza de la oración cuando personas individualmente y la comunidad estamos pidiendo al Señor que nos regale ese don; y confío en la buena voluntad de mujeres y hombres que pueden dar el paso necesario.
Y, precisamente viviendo esa esperanza, os presento una y otra vez nuestra situación tal como está o, al menos, tal como la veo yo. Si no tuviese esperanza me hubiese dado por derrotado y dejaría correr el tiempo.
Además he de procurar trasladarte la petición que me hacen algunas familias que quisieran tener en la Parroquia suficientes y buenos Catequistas para sus hijos. También he de trasladar a esos padres lo que algunos me contestan: ¿por qué algunos de esos padres no dan el paso para ser Catequistas como ya han hecho en su momento otros padres?
Ciertamente en el desarrollo normal de la comunidad parroquial siempre hemos de estar avanzando en poner nuestros dones al servicio de los demás en el desarrollo de la fe y en toda la vida de la comunidad.
Pero en un momento tan crítico como el actual hemos de renovar todos nuestro esfuerzo para decidirnos cada uno y para invitar y ayudar a otros a ser conscientes y generosos en la respuesta.
Cuando vamos a celebrar la fiesta patronal del Espíritu Santo, háblale con cariño de nuestra situación y suplícale que nos ayude a crecer para servir a cuantos viven en nuestro barrio y al mundo entero con las distintas vocaciones .