

Como ya había comentado, a lo largo de la Cuaresma hemos intentado un nuevo paso adelante para ayudarnos en la preparación de la Eucaristía dominical y para impulsar la acción samaritana, que es esencial en nuestro ser Iglesia.
Dos semanas distintas en cada eucaristía dominical señalé un día y una hora para poder reunirnos y echar a andar, Después de hablar muchas veces en esta nuestra Hoja y en las Homilías y después de proponerle a personas concretas los dos temas, parecía que era la hora de concretar esta Cuaresma un momento de encuentro para ver si ya alguien terminaba de decidirse y podíamos comenzar.
Y la verdad es que no ha dado resultado.
No hubo asistencia; pero, además, nadie ha comunicado que el problema estuviese en el día o en la hora, como se había sugerido al hacer la comunicación.
Estos son los hechos; pero no hay que desanimarse, ni perder la esperanza.
Hay que seguir confiando en el Señor y también en las personas.
Quizás no era este el momento o quizás no llegamos a escuchar al Señor que nos invitaba a dar un paso adelante de compromiso para crecer en la vivencia de la fe, tanto en su celebración y su cultivo, como en el servicio a los demás.
Es necesario seguir orando, tomar conciencia de nuestra responsabilidad y nuestras posibilidades, decidirnos a poner nuestro dones y nuestro tiempo al servicio de nuestro crecimiento de la fe y de la ayuda samaritana a los demás, sin olvidarnos de animar a otros y ayudarles para dar un paso adelante.
Y mientras tanto, también caben todas las sugerencias que quieras hacer para conseguir que en nuestra comunidad parroquial vaya creciendo el número de personas que se comprometan para el servicio de la comunidad y del mundo.
Podremos decir que la Iglesia está implantada en nuestro barrio cuando vayan brotando las distintas vocaciones para la manifestación y desarrollo de la vida eclesial. No podemos pensar que solo por estar un presbítero y algunas pocas personas para los mínimos, ya está implantada la Iglesia.
Poco a poco han ido surgiendo algunas personas que han puesto los dones recibidos al servicio de los demás en su Parroquia; pero el grito de lo que aún no podemos hacer y la lentitud de crecimiento siempre es bueno que se conviertan en llamada de Dios para escuchar su invitación y decidirnos a responder: !aquí estoy para hacer tu voluntad”.
¿Te animas ya? Merece la pena intentarlo.