
En el barrio de Infantes de Lara, San Adrián y San Miguel |
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MISTERIO PASCUAL DE CRISTO
Uno que reconoce a Cristo como su Señor y el Señor, no puede dejar pasar estos días en blanco y sin ningún acento significativo de vida.
Está claro que no puede marcar nuestro comportamiento lo que han cambiado los tiempos y lo que van a hacer los demás. Tú puedes hacer lo que quieras y tanto si te quedas en casa como si te vas de viaje. Las circunstancias te pueden ayudar o no; pero lo más importante es tu decisión clara y lo que tú hagas.
Enganchado tu corazón a Cristo, tu Señor, escucha al Espíritu que quiere revelarte el gran misterio del amor y de la salvación y, por tanto de la fe y de la vida.
Es necesario que sitúes con claridad tu participación en las Celebraciones litúrgicas y concretes algún momento para el silencio reposado en oración para así contemplar, adorar y dar gracias; y para que el Espíritu haga penetrar dentro de ti esa experiencia religiosa. Si no puedes salir de casa, lee despacio en el Evangelio la narración de la Cena pascual, la Pasión y muerte y la Resurrección.
Intenta vivir con profundidad religiosa tu participación, en el nivel que sea, en las distintas expresiones de religiosidad popular de estos días.
Y procura, también, avivar tu conciencia de la presencia del Señor en cada una de las personas, especialmente en las que más sufren.
Todo esto siempre está en tus manos. Y a veces basta con situarte adecuadamente y no dejarlo todo a la improvisación; porque si no te has decidido con determinación a organizar tu vida, luego no habrá modo de encajar las cosas.