
En el barrio de Infantes de Lara, San Adrián y San Miguel |
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Jesús dijo: “Yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”.
Ampliemos y ahondemos durante la Cuaresma nuestra mirada al Cristo crucificado. Es necesario pretenderlo y pedirlo, a la vez que el Espíritu nos lo revela y nos lo da a conocer.
En la Cruz vamos a encontrar la máxima expresión del amor que Dios nos tiene. Ese es nuestro gran descubrimiento y es el fundamento de nuestra identidad: creemos que Dios nos ha amado, nos ama y nos amará siempre en Jesucristo.
Durante esta Cuaresma abramos algún camino que pueda favorecer el crecimiento de ese descubrimiento. ¿Por qué no decidirte a mejorar un poco en tu oración (tanto en tiempo como en calidad), a cuidar la Celebración de la Eucaristía, a vivir la experiencia del abrazo cariñoso y misericordioso de tu Padre Dios en el Sacramento del Perdón y la Reconciliación, a la lectura y la escucha de la Palabra de Dios, a la lectura de algún libro, a algún encuentro con otros creyentes, ….?
Son modos de favorecer el Encuentro con Jesucristo: “estoy a la puerta llamando; si alguien me oye y me abre, entraré y comeremos juntos”; y, por tanto, crecerá tu alegría al saber y gozar mucho más cómo Dios te ama en Jesucristo.
Y a la vez descubrirás que la respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es ante todo que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por Él. Aceptar su amor, sin embargo, no es suficiente. Hay que corresponder a ese amor y luego comprometerse a comunicarlo a los demás: Cristo “me atrae hacia sí” para unirse a mí, para que aprenda a amar a los hermanos con su mismo amor.