
LA SUAVE INICIATIVA DE DIOS
Margaret H.
El Padre llama a mi puerta buscando un hogar para su Hijo.
- El alquiler es barato, de verdad, le digo.
- No quiero alquilarlo; quiero comprarlo, dice Dios.
- No sé si quiero venderlo, pero puedes entrar y echarle un vistazo.
- Sí, voy a verlo, dice Dios.
- Te podría dejar una o dos habitaciones
- Me gusta, dice Dios; voy a tomar las dos. Quizás decidas algún día darme más. Puedo esperar.
- Me gustaría dejarte más, pero me resulta algo difícil; necesito cierto espacio para mí.
- Me hago cargo, dice Dios, pero aguardaré; lo que he visto me gusta.
- Bueno, quizá te pueda dejar otra habitación; en realidad, yo no necesito tanto.
- Gracias, dice Dios, la tomo. Me gusta lo que he visto.
- Me gustaría dejarte toda la casa, pero tengo mis dudas.
- Piénsalo, dice Dios. Yo no te dejaría fuera. Tu casa sería mía y mi Hijo viviría en ella y tú tendrías más espacio del que has tenido nunca.
- No entiendo lo que me estás diciendo.
- Ya lo sé, dice Dios, pero no puedo explicártelo. Tendrás que descubrirlo por tu cuenta. Y esto solo puede suceder si le dejas a El toda la casa.
- Un poco arriesgado ¿no?
- Así es, dice Dios; pero ponme a prueba.
- Me lo pensaré; me pondré en contacto contigo.
- Puedo esperar, dice Dios, lo que he visto me gusta.