
¿UNA CUOTA?
Esta mañana me ha interrumpido en el despacho una persona que venía a traerme unos papeles del Complejo parroquial.
Me ha invitado a tomar un café y, mientras lo hacíamos, ha comenzado a preguntarme sobre la economía de la Parroquia. Y en un momento me ha expuesto su punto de vista: Tiene que llegar el momento en que los que quieran o queramos formar la Iglesia tendremos que aportar una “cuota periódica y permanente”, aunque sea pequeña, para el sostenimiento de la Iglesia. Es la única manera de poder contar con unos ingresos previstos para el sostenimiento continuado.
Yo le he dejado que se explayase para ver su análisis de la situación y su proyección de futuro con todos sus matices. No coincidía con todo su planteamiento; pero necesitaba escuchar y ver el tema con otras luces.
Durante un buen rato hablamos del asunto y, sobre todo, le expuse una apreciación muy distinta cuando él planteaba que la “cuota” había de ser impuesta. Me parece que dejaba entrever una imagen de Iglesia con la que yo no estaba de acuerdo.
Pienso que es claro que todos los que queremos ser Iglesia hemos de comprometernos en el sostenimiento de la Iglesia y no hemos de mirar hacia otro lado esperando que venga el dinero de otros. Pero la “cuota” solo puede decidirla el interesado en su responsabilidad libre, marcada por todas sus posibilidades y circunstancias y, sobre todo, por el nivel de su fe, que siempre será progresiva.
Puede haber alguien que nos señale alguna referencia, indicando una cantidad, un tanto por ciento de los ingresos, o presentando las necesidades. Eso ayudará nuestra decisión; pero siempre la “cuota” será libre y en la cantidad que cada uno en cada momento determine. Yo no trasladaría el modelo de otras “cuotas de pertenencia”.
Le comentaba, también, que en estos momentos me parece que estamos lejos de su planteamiento; pero ¿no piensas que ya hemos de caminar en esa dirección?
“SI NOS UNIMOS, ¡LA HEMOS DE HACER!”