
DONATIVO - APORTACIÓN
Cuando contribuyes con tu dinero al sostenimiento de la Iglesia haces un donativo porque ejercitas una acción positiva de donación y de generosidad.
Pero ese hecho también has de enfocarlo en la clave de aportación: tú pones un dinero que has conseguido y que estaba en tus cuentas; pero lo pones para algo que es tuyo, porque tú perteneces y quieres pertenecer a la Iglesia.
Tú eres Iglesia, quieres que exista la Iglesia, y quieres que tenga los medios necesarios para el desarrollo de su servicio en el mundo.
Y sabes que eso puede ser verdad con tus medios económicos aportados con toda libertad, pero con responsabilidad. Tu dinero, unido al de todos los demás que forman contigo la comunidad eclesial, es imprescindible y debe ser el medio principal, permanente y normalizado de sostenimiento del ser y hacer de la Iglesia.
Aunque ese modo permanente y normalizado dé una relevancia especial a las suscripciones, como escribía en el mes de marzo, está muy claro que algunos no son partidarios de esa opción y que prefieren el camino de la aportación en forma de donativo espontáneo tanto en cuanto al momento como a la cantidad.
Sin dudad que cada uno puede elegir la opción que desee para su aportación al sostenimiento de la Iglesia; aunque eso tiene como inconveniente que hace más difícil el funcionamiento económico corriente de cada mes, ya que en un momento determinado no hay ingresos suficientes y en otros nadie sabe si los va a haber.
En este momento de nuestra vida parroquial estas circunstancias son muy llamativas y ese dato podría replantearnos hasta el hecho de no dejar siempre para final de año nuestros donativos o aportaciones.
¿No podríamos hacerlos en meses más adelantados del año o repartirlos en varias veces para el mejor funcionamiento económico de la Parroquia?
“SI NOS UNIMOS, ¡LA HEMOS DE HACER!”