
Cuaresma:
Tiempo de
reconciliación
Cuaresma es un tiempo de conversión. Un tiempo en que podemos pedir a Dios que cambie nuestro corazón, que nos regale una mirada como la suya. En nuestras vidas experimentamos cómo no es oro todo lo que reluce. Evidenciamos la facilidad con la que pasamos de una buena acción a una falta de caridad. Tristemente somos incoherentes, capaces de lo mejor, pero también de lo peor. Por ello, Jesús nos llama a la conversión, a darle el centro de nuestras existencias, a dejar que Él sea el que cure nuestros corazones heridos y reoriente nuestras vidas desordenadas.
En nuestro corazón se mezclan a menudo la luz y las tinieblas. Así nos lo dice el apóstol Pablo: hacemos el mal que no queremos y no el bien que querríamos hacer (Rom 7,19). No obstante, Dios no se cansa jamás de perdonarnos. Él no tiene en cuenta nuestro pasado. Y es que el amor de Dios borra nuestros pecados. El próximo miércoles día 25 de marzo, a las 7,30 de la tarde, tendremos la celebración comunitaria de la penitencia, en la parroquia, el sacramento de la confesión. Este sacramento es el abrazo de Jesús que nos reconcilia con Dios Padre y nos prepara para la Pascua.
No olvidemos que todos somos pecadores, queridos y perdonados por Dios. Él nos espera siempre para ofrecernos el perdón y su abrazo de Padre lleno de ternura. Que Jesús nos acompañe en el camino que lleva hacia la Pascua. Que María, madre de Misericordia, nos lleve de la mano al encuentro con su Hijo en el hermoso sacramento de la reconciliación.



